La actualidad es tan variable que impide mantener en el tiempo una opinión. La mía, a fecha de hoy, es que el gobierno de Pedro Sánchez ha apostado por el marketing no por la ideología. O lo que es lo mismo, pone su foco en el consumidor no en el ciudadano.
El marketing crea necesidades que no existían para reorientar la demanda. Frente a las ideologías, más racionales y construidas desde la reflexión -social, económica, histórica…-, el marketing apela a lo subjetivo, a lo visceral, impulsa tendencias o las sigue y crea la ficción en el consumidor de que hace realidad aquello a lo que aspira.
La presentación del nuevo gobierno me recuerda esas campañas de marketing de “serie B” que incorporan en sus productos “lo último”, desde la baba de caracol o el veneno de serpiente a la realidad aumentada y la nanotecnología. Se ha incrementado el número de ministerios -unos pocos más y mete en el Gobierno a todo el grupo parlamentario-, para añadir propiedades al producto, algunas con un enunciado cuasi poético como la “transición energética”. La realidad es que, para un viaje tan corto, hay muchas carteras en el equipaje.
En todo caso, el cartel electoral parece que funciona. Transmite confianza y aplaca temores entre los menos favorables e ilusiona a los afines. Frente a la ñoñería estética y argumental de los partidos de centro y derecha, la izquierda entiende mejor las herramientas que ofrece el marketing y la comunicación. Sabe movilizar y sus influencers son más activos y eficaces. No es gratuito que el director del gabinete de Moncloa venga del marketing.
Lo que más me chirría del cuadro es esa fascinación pequeño burguesa por las “caras televisivas”. Puestos a elegir audiencia, la mejor opción hubiera sido Jorge Javier Vázquez, que habría hecho un fantástico “Sálvame Diario” gubernamental.
Esa fascinación tontorrona, me recuerda viejos tiempos en lo que muchas grandes empresas fichaban como directores de comunicación a personajes de la tele porque eran famosos, no porque supieran de comunicación.

